La aparición de las principales enfermedades de la vid constituye uno de los mayores desafíos fitosanitarios a los que se enfrentan técnicos y productores cada campaña. Factores como la variabilidad climática, la acumulación de humedad ambiental o las lluvias prolongadas crean el escenario idóneo para la propagación de patógenos fúngicos.
Si tenemos en cuenta las condiciones climáticas en las que ha transcurrido la primavera, y cómo se presenta el verano, estamos ante el escenario propicio para que aparezcan enfermedades del viñedo como el oídio, el mildiu y la botrytis o podredumbre gris, tres de las más peligrosas por su recurrencia e impacto económico, y para las cuales Seipasa ofrece un completo programa de biocontrol a través de soluciones como Septum y Fungisei.
Así, para gestionar con éxito las enfermedades de la vid, es imprescindible analizar las condiciones ambientales que favorecen su desarrollo y los daños específicos que cada uno de estos patógenos causa en el cultivo. Comprender el comportamiento biológico de estos patógenos es fundamental para implementar un manejo integrado, eficaz y sostenible.
El oídio es, probablemente, una de las enfermedades de la vid más regulares y extendidas. No requiere de agua libre sobre los tejidos para germinar, bastándole una humedad ambiental moderada. Se desarrolla de forma óptima con temperaturas cálidas, situadas entre los 20 °C y 27 °C, y el cultivo es especialmente sensible en todo el ciclo fenológico que va desde el inicio de la floración hasta el cierre del racimo.
Su síntoma más característico es la aparición de un polvo blanquecino o grisáceo (ceniza) que recubre hojas, brotes y racimos. El daño principal ocurre cuando ataca las bayas, ya que limita la elasticidad de la piel, provocando que se agrieten y se rompan. Esto destruye la producción directamente y expone al racimo a infecciones secundarias de gran gravedad.
El mildiu es extremadamente destructivo dentro del conjunto de las enfermedades de la vid. Depende de la presencia de agua líquida y temperaturas suaves para iniciar sus infecciones. El rocío nocturno, la humedad ambiental elevada, así como las primaveras o veranos lluviosos, propician las condiciones idóneas para el desarrollo de la enfermedad.
En las hojas, los síntomas se aprecian en el haz como manchas de aceite, mientras que en el envés se desarrolla un fieltro blanquecino, donde se encuentran las esporas del hongo. Si este ataca los racimos jóvenes, provoca su desecación total. La pérdida de masa foliar reduce la capacidad fotosintética de la planta, debilitando la cepa y comprometiendo el presente y futuro de la cosecha. La ventana de alerta fitosanitaria es más crítica durante la etapa de floración y cuajado.
Cerrando este grupo crítico de las enfermedades del viñedo encontramos la botrytis. Este hongo ataca en condiciones de alta humedad y lluvias prolongadas, mostrando una agresividad especial durante la floración y, sobre todo, en la maduración de la uva.
La botrytis o podredumbre gris aprovecha con frecuencia las heridas previas en las bayas (ocasionadas por las picaduras de insectos, lluvia o granizo) o la compactación excesiva del racimo para penetrar en los tejidos. Los racimos afectados muestran una podredumbre blanda cubierta por una masa algodonosa y gris.
Las manifestaciones de la podredumbre gris en los viñedos son fácilmente identificables en hojas, sarmientos y racimos, siendo estos últimos los que sufren las consecuencias más visibles y graves. La enfermedad se evidencia mediante manchas pardas en las inflorescencias o en las zonas leñosas del racimo, además de la descomposición de las bayas, que se cubren de un característico moho grisáceo.
La viticultura no es ajena al escenario actual, marcado por el estricto marco regulatorio y las demandas de un mercado cada vez más orientado hacia las producciones sostenibles y libres de residuos químicos. Para responder a este reto, la compañía española Seipasa desarrolla estrategias para el control de enfermedades de la vid basadas en la gestión integrada de plagas y enfermedades.
Son estrategias orientadas a la disminución del riesgo en la aparición de resistencias y diseñadas para aportar soluciones eficaces, seguras y sostenibles tanto para la viticultura convencional como para la ecológica.
Septum es una solución natural de acción fungicida registrada para el control del mildiu y el oídio de la vid. Ha sido desarrollado a partir de una selección de moléculas clave procedentes del extracto de Equisetum arvense, caracterizado al 100 % por Seipasa. Estas moléculas han sido aisladas y se presentan en la proporción equilibrada para asegurar la máxima eficacia.
El producto ejerce una doble acción preventiva y curativa. Septum actúa destruyendo las paredes celulares de los hongos por contacto directo e induce la activación de las defensas propias de la planta, promoviendo el fortalecimiento mecánico de los tejidos foliares y del racimo.
Septum es una herramienta idónea para su inclusión en estrategias de gestión integrada que buscan una reducción significativa en la carga química de los tratamientos sin perder eficacia. Lo vemos en el gráfico 1, que muestra los resultados de Septum para el control de mildiu en un ensayo de eficacia desarrollado en Italia.
En un momento en que la incidencia de la enfermedad se dispara, la estrategia mixta de Septum compite cara a cara y con plenas garantías con la estrategia convencional (100% de referencias químicas) y consigue mantener baja la presión de la enfermedad.

Lo más relevante es que la estrategia mixta, con 3 aplicaciones de Septum, reduce la carga química de los tratamientos en un 35 %. Originalmente, partíamos de una estrategia convencional a partir de referencias químicas. En la estrategia mixta se han reemplazado con Septum dos de las aplicaciones de materias activas de síntesis y se ha añadido una tercera aplicación de Septum al final, conformando esas 3 aplicaciones totales.
En el gráfico 2 vemos los resultados de eficacia de Septum para el control de oídio. En este caso, se ha evaluado la incidencia sobre hoja con una estrategia de 7 aplicaciones en un ensayo llevado a cabo en España. De nuevo, en un momento de máxima presión de la enfermedad, Septum contiene el avance del oídio y muestra resultados muy similares a la referencia química con la que se ha comparado su rendimiento en este ensayo.

Septum es una herramienta idónea para estrategias de residuo cero y está autorizado en agricultura ecológica.
En el caso de la botrytis, Seipasa recomienda la aplicación de Fungisei dentro de una estrategia preventiva. Fungisei es un biofungicida desarrollado a partir de una cepa de Bacillus subtilis de alta eficacia y pureza, que destaca por su formulación exclusiva y patentada. La tecnología Furity, que da vida al producto, toma forma en una estructura molecular capaz de proteger al ingrediente activo, asegurar su estabilidad y homogeneidad, y maximizar su poder de acción una vez aplicado al cultivo.
El rendimiento del producto lo podemos observar en el gráfico 3, con los resultados del ensayo sobre la evolución de la incidencia de la botrytis en racimo. Se trata de un ensayo llevado a cabo en Francia con 5 aplicaciones. Fungisei no solo reduce la presión de la enfermedad sino que, además, lo hace mejorando la eficacia de la referencia biológica con la que se ha comparado.

En este caso, resulta relevante destacar el valor añadido de la formulación de Fungisei, capaz de potenciar el modo de acción de la cepa de Bacillus subtilis. Así, incluso con menos UFC (unidades formadoras de colonias) que la referencia biológica, Fungisei obtiene mejores resultados en el cara a cara.
Fungisei actúa mediante un triple modo de acción (antagonismo directo por la competencia de nutrientes y de espacio, producción de lipopéptidos e inducción de las defensas) y previene la aparición de resistencias. Además, al no alterar ni intervenir en el proceso de fermentación, es el aliado ideal para aplicaciones previas a la vendimia, ya que no deja residuos químicos en la uva y no tiene plazo de seguridad.
El éxito en el control de las enfermedades de la vid radica en la detección temprana, la prevención y el control a través de estrategias de gestión integrada que proporcionen eficacia en los resultados, seguridad en los momentos clave de aplicación y calidad en la producción final.